viernes, 14 de marzo de 2014

QUÉ FUNCIONA? LOS CASTIGOS O LAS CONSECUENCIAS EDUCATIVAS...


Mientras el castigo sólo sanciona, la consecuencia educativa corrige la conducta.

POR QUÉ NO FUNCIONA EL CASTIGO CONVENCIONAL?


Lejos del castigo físico, entendido como cachete o bofetada, el castigo privativo que tan en boga ha estado en los últimos años, no resulta efectivo. En la práctica, quedarse sin ver la tele, al niño no le supone ningún esfuerzo porque se puede poner a leer un cuento, a jugar al móvil o a la play, sustituyendo esa actividad por otra.

Decirle que se queda sin salir tampoco le va a suponer un problema gordo porque en casa puede hablar con sus amigos por teléfono, a través del chat, del messenger o de otro tipo de redes sociales. El castigo es una sanción, pero debe tener una consecuencia educativa. El castigo no es yo me pongo histérico, pierdo los papeles y hago lo primero que me sale para que el niño pare de hacer el tonto. El castigo educativo es una consecuencia que viene detrás de una actitud inadecuada del niño que quiero corregir para que él pueda aprender y autocontrolarse".

Corregir la actitud del niño para que no vuelva a hacer aquello por lo que ha sido castigado es lo que esperan todos los padres cuando aplican un castigo a sus hijos. Sin embargo, la queja general es que al niño le da igual y vuelve a hacer lo mismo una y otra vez, por lo que los padres se desesperan. Para terminar con esta rueda sin fin, "el castigo educativo debe ser excepcional, coherente, firme y constante. No puedes estar castigando al niño por todo, porque entonces se satura y no te hace caso de nada. Cuando tú pones un castigo lo has de cumplir, y es importante que sea adecuado a lo que haya hecho el niño. Por ejemplo, no puede ser que al niño se le caiga el vaso de agua y esté una semana sin salir". Por tanto, los castigos nunca deben ser desproporcionados, sino coherentes.

EL ÉXITO DE LA CONSECUENCIA EDUCATIVA

¿En qué se diferencian los castigos de las conscuencias educativas? El castigo educativo tiene que costar un esfuerzo al niño para que le ayude a auto controlarse y para que la siguiente vez que haga aquello que esta mal, el niño se lo piense dos veces. Ésta es la característica más importante del castigo educativo, que al niño le cueste algo.

Las consecuencias educativas tienen que ser inmediatas, coherentes, aplicables y firmes. Como ejemplos prácticos de consecuencias educativas a conductas inapropiadas de los niños, la psicóloga infantil Mª Luisa Ferrerós propone lo siguiente:

- Si el niño no ha hecho los deberes por la tarde a la hora correspondiente: levantar al niño a las 6 de la mañana para que los haga.
- Si no ha querido ducharse: a la mañana siguiente no tendrá ropa limpia para ir al colegio.
- Si no se ha vestido a tiempo para salir al colegio: valora si puedes llevarle en pijama (compra uno que parezca un chandal).
- Si no viene a cenar después de llamarle muchas veces: se retira la cena y se congela. Se le puede dar un yogur, nada más.

La actitud firme de los padres, saber decir que NO y estar convencido de que lo que estamos haciendo es por el bien de nuestro hijo es lo más importante para que los niños comprendan que deben modificar su conducta. Se recomienda que "hay que mantenerse firme sin enfadarse, sin gritar. Si tú tienes claras las cosas, transmitirás mucha seguridad. No es fácil, pero es una cuestión de autoconvencerse, de tener esa fuerza mental de decir: yo voy a poder con los niños, ya me he cansado de chillar y esta no es la forma".

Y es muchos padres no sabemos qué hacer para que nuestros hijos se porten bien. Para responder a esta cuestión, "entre los fallos que tenemos los padres de hoy en día a la hora de educar a nuestros hijos, el más importante es la inseguridad, probar todos los métodos e ir cambiando de pautas muy rápidamente y a menudo. Y también la falta de unión en la pareja a la hora de actuar porque dentro del equipo padres nos cuesta mucho ponernos de acuerdo".

jueves, 17 de octubre de 2013

CÓMO TRANSMITIR Y ENSEÑAR VALORES A NUESTROS HIJOS

Los estándares del comportamiento que establecemos en nuestras familias son los condicionantes más fuertes para la conducta y la vida futura de nuestros hijos.

La crianza y educación de los hijos es una de las tareas más importantes que cualquier persona pueda realizar. La mayoría de nosotros aprende cómo ser padres con la experiencia y mirándonos en el espejo de nuestros padres.

Hoy el uso excesivo del alcohol y otras drogas afecta a nuestros niños, familias, y comunidades y nos somete a grandes presiones. Francamente, muchos de nosotros necesitan ayuda para ocuparse de esta amenaza espantosa a nuestra salud y principalmente a la de nuestros niños.

Como padres, tenemos que comenzar en nuestras propias familias manteniendo lazos fuertes, siendo cariñosos con nuestros niños, enseñando reglas de comportamiento, fijando y haciendo cumplir las reglas para el comportamiento, sabiendo sobre los efectos del alcohol y otras drogas, y escuchando a nuestros niños.

Valores De la Enseñanza

Cada familia tiene expectativas sobre el comportamiento que determinan los principios y los estándares, agregándole los "valores". Los niños que deciden no utilizar el alcohol u otras drogas toman a menudo esta decisión porque tienen convicciones fuertes contra el uso de estas sustancias, convicciones que se basan en un sistema de valores.

Basándose en la familia, y los valores religiosos y/o éticos que ayudan a la gente joven a decir no y ayudándolos a apegarse a sus decisiones.

CÓMO INCULCAR VALORES ÉTICOS:

Comunique los valores abiertamente.

Hable de porqué los valores tales como honradez, independencia, y responsabilidad, son importantes, y de cómo los niños con la ayuda de esos valores, toman buenas decisiones.

Reconozca cómo sus acciones afectan el desarrollo de los valores de su hijo.

Muchas veces, los niños copian el comportamiento de sus padres. Los niños de padres que fuman, por ejemplo, tienen mayor probabilidad de ser fumadores. Evalúe su propio uso del tabaco, del alcohol, de las medicinas sin prescripción, e incluso de las drogas.

Considere que sus actitudes y acciones pueden formar la opinión de su hijo. Esto no significa, sin embargo, que si usted tiene el hábito de tomar vino con la cena o una cerveza o un cóctel ocasional, que usted deba dejar de hacerlo.

Los niños pueden entender y validar que hay diferencias entre lo que los adultos pueden hacer legalmente y que puede ser apropiado y legal para los niños. No deje a sus hijos acompañarlo en su actividad de beber mezclando un cóctel para usted o trayéndole una cerveza, y no permita que su niño tenga acceso a su bebida.

Considere los conflictos que puedan implicar sus palabras y sus acciones.

Recuerde que los niños son rápidos para detectar cuando los padres envían señales a través de sus actos. Decirle a su hijo que diga que usted no está en el país atendiendo una llamada telefónica es, en efecto, una enseñanza negativa en cuanto a la formación de los valores.

Cerciórese de que su hijos entienda los valores de la familia.

Los padres asumen, a veces equivocadamente, que los niños tienen valores "absorbidos", cuando en realidad pueden estar confusos si nunca fueron discutidos.

Usted puede probar la comprensión de su niño discutiendo algunas situaciones comunes en ocasión de la cena por ejemplo. Pregúntele que haría si ve que a una persona enfrente suyo, se le cae una moneda, por ejemplo.